El sol del mediodía caía como un mazo sobre las arenas del desierto de Mojave, un escenario elegido meticulosamente para evitar bajas civiles en un choque que prometía reescribir las leyes de la física.
En el centro del terreno baldío, dos figuras se observaban con un respeto silencioso pero cargado de tensión. Por un lado, Superman (Kal-El), el Último Hijo de Krypton, cuya capa roja ondeaba con una calma majestuosa.
Frente a él, Carol Danvers, la Capitana Marvel, con su traje azul y dorado centelleando bajo la luz solar que alimentaba a ambos guerreros.
La batalla comenzó no con palabras, sino con un estruendo sónico que fracturó el aire.
Superman se lanzó hacia adelante, intentando contener a la Capitana con su fuerza legendaria, aquella que una vez arrastró planetas enteros. Sin embargo, se encontró con una resistencia inesperada.
Carol, una híbrida Kree-humana forjada en mil batallas galácticas, no cedió fácilmente; su fisiología le otorgaba una durabilidad inmensa. Al comprender que el combate cuerpo a cuerpo contra el Hombre de Acero era una apuesta arriesgada, la Capitana se impulsó hacia el firmamento, convirtiendo el duelo en una persecución supersónica.
Desde las alturas, Carol desató ráfagas de energía fotónica. Superman las recibió de frente, sintiendo el impacto de los rayos de conmoción, pero su invulnerabilidad seguía intacta.
Fue entonces cuando Kal-El cometió lo que los analistas llamarían después un «grave error táctico»: activó su visión de calor.
Carol Danvers no esquivó el ataque. Al contrario, abrió los brazos con una sonrisa desafiante. Como una esponja cósmica, su cuerpo absorbió la radiación solar pura que emanaba de los ojos de Superman. En un instante, la guerrera se transformó: su piel se tornó de un rojo encendido y su cabello se convirtió en llamas de energía pura. Había entrado en el Modo Binaria. Con la fuerza de una estrella enana, Carol descendió como un meteoro, golpeando a Superman con tal magnitud que lo hundió en la tierra, creando un cráter sísmico que sacudió el desierto.
Por un breve momento, el poder de las estrellas pareció eclipsar al sol. Carol, en su estado más destructivo, intentó drenar la energía solar directamente del cuerpo de Superman. Pero Clark Kent, criado con la humildad de Kansas y la inteligencia de un genio táctico, reaccionó en una fracción de tiempo que ningún humano podría comprender.
Procesando la información en attosegundos, Superman cambió de estrategia al instante. Comprendió que cualquier ataque de energía solo fortalecería a su oponente, por lo que decidió confiar en su ventaja más abrumadora: su velocidad de combate. Antes de que las sinapsis de Carol pudieran procesar su siguiente movimiento, Superman desapareció de su vista. A una velocidad que desafiaba la percepción de la Capitana, el kryptoniano conectó una ráfaga de trescientos golpes precisos en puntos de presión vitales.
A pesar de la magnificencia del modo Binaria, la Capitana Marvel tiene un límite físico de absorción, mientras que la durabilidad de Superman le ha permitido sobrevivir a explosiones de supernovas. Con un último golpe a plena potencia, del tipo que es capaz de quebrar lunas, Superman logró atravesar las defensas energéticas de Carol, dejándola fuera de combate antes de que ella pudiera reaccionar a su ofensiva física.
Veredicto Final
Aunque la Capitana Marvel es el «counter» perfecto para los ataques de energía debido a su capacidad de absorción, la victoria es para Superman. La diferencia abismal en fuerza bruta y, sobre todo, en una velocidad de reacción que permite al Hombre de Acero actuar millones de veces más rápido que el pensamiento, inclina la balanza con un 80% de probabilidad de éxito para el Último Hijo de Krypton.
Para entender este resultado, imagina que la Capitana Marvel es un pararrayos sofisticado capaz de absorber una tormenta entera, pero Superman es el viento mismo, moviéndose tan rápido que puede desmontar el pararrayos pieza por pieza antes de que el primer rayo toque el suelo.

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